Por Ernesto Montero Acuña

No es una falta de ortografía omotir la "s" en el nombre del país, más bien reincido en mi empeño de reconocer la pluralidad de una sola Cuba, ahora que declina un tanto el furor por este filme cuyos valores nacionales intrínsecos continuarán trascendiendo, aunque fuera desde el silencio. Por eso sostengo lo que escribí antes y a ello me remito.
Habanastation acude a polos aparentemente opuestos para reflejar un país que puede ser visto de distinto color según el cristal con que se mire, pero que el filme no muestra más diverso de lo que es. Se ha interpretado que muestra Cubas diversas, aunque esto no parezca acertado en ningún sentido, y retomo lo dicho.
Ian Padrón y un colectivo –que no es sustantivo de emergencia en este caso- de artistas e intelectuales de una vanguardia madura, hecha y responsable, reflejan defectos y virtudes nacionales. Pero con mirada integradora, aunque cada espectador, por su singularidad, medite mayormente sobre el ángulo que le sea más familiar.Se presenta una realidad acertada, socialmente compartida y actual, sin dejar de ser una advertencia para todos acerca del futuro de esta “colmenita” nacional, en la que tanto debe asimilarse como experiencia el resultado del grupo infantil homónimo creado y conducido por Carlos Alberto Cremata.
No es una falta de ortografía omotir la "s" en el nombre del país, más bien reincido en mi empeño de reconocer la pluralidad de una sola Cuba, ahora que declina un tanto el furor por este filme cuyos valores nacionales intrínsecos continuarán trascendiendo, aunque fuera desde el silencio. Por eso sostengo lo que escribí antes y a ello me remito.
Habanastation acude a polos aparentemente opuestos para reflejar un país que puede ser visto de distinto color según el cristal con que se mire, pero que el filme no muestra más diverso de lo que es. Se ha interpretado que muestra Cubas diversas, aunque esto no parezca acertado en ningún sentido, y retomo lo dicho.
Ian Padrón y un colectivo –que no es sustantivo de emergencia en este caso- de artistas e intelectuales de una vanguardia madura, hecha y responsable, reflejan defectos y virtudes nacionales. Pero con mirada integradora, aunque cada espectador, por su singularidad, medite mayormente sobre el ángulo que le sea más familiar.Se presenta una realidad acertada, socialmente compartida y actual, sin dejar de ser una advertencia para todos acerca del futuro de esta “colmenita” nacional, en la que tanto debe asimilarse como experiencia el resultado del grupo infantil homónimo creado y conducido por Carlos Alberto Cremata.