martes, 17 de abril de 2012

Habanastation, de vuelta a muchas Cuba

Por Ernesto Montero Acuña




No es una falta de ortografía omotir la "s" en el nombre del país, más bien reincido en  mi empeño de reconocer la pluralidad de una sola Cuba, ahora que declina un tanto el furor por este filme cuyos valores nacionales intrínsecos continuarán trascendiendo, aunque fuera desde el silencio. Por eso sostengo lo que escribí antes y a ello me remito.
Habanastation acude a polos aparentemente opuestos para reflejar un país que puede ser visto de distinto color según el cristal con que se mire, pero que el filme no muestra más diverso de lo que es. Se ha interpretado que muestra Cubas diversas, aunque esto no parezca acertado en ningún sentido, y retomo lo dicho.
Ian Padrón y un colectivo –que no es sustantivo de emergencia en este caso- de artistas e intelectuales de una vanguardia madura, hecha y responsable, reflejan defectos y virtudes nacionales. Pero con mirada integradora, aunque cada espectador, por su singularidad, medite mayormente sobre el ángulo que le sea más familiar.Se presenta una realidad acertada, socialmente compartida y actual, sin dejar de ser una advertencia para todos acerca del futuro de esta “colmenita” nacional, en la que tanto debe asimilarse como experiencia el resultado del grupo infantil homónimo creado y conducido por Carlos Alberto Cremata.

Cuba en Hemingway


                     


Por Ernesto Montero Acuña   


Sin haber nacido en Cuba, en muchos sentidos Hemingway vivió como cubano. Su condición de premio Nobel la depositó en El Cobre, como el más devoto de los nacionales.
Ernest Hemingway fue un hombre empeñado en la búsqueda del asidero propio, un persecutor del sentido de la vida, o de algo que tal vez no haya encontrado en Cuba, pero cuya ausencia domeñó aquí por más de tres décadas.
Su percepción personal tuvo mucho que ver con la constancia, la persistencia, como en el viejo Santiago, de Cojímar; por lo que se recuerda, a cincuenta años de su muerte el 2 de julio, la sentencia definitoria en El viejo y el mar: “Un hombre puede ser destruido pero no vencido”.
Al respecto, sus exegetas no han olvidado casi nada. Pero, “solo” casi nada. ¿Se conoce suficientemente su percepción de Cuba, no obstante la híper repetida frase de que un hombre debe vivir allí donde se siente bien, en el sentido de poder escribir en paz, etcétera?
¿No se asocia demasiado esa afirmación al carácter acogedor del país, independientemente de su situación histórica y de las condiciones en las que moraban sus habitantes? Parece que sí.
Mas,  Hemingway se ha encargado de dejar testimonio sobre cómo percibía a la Cuba donde residió por tres décadas. Valoración nada voluptuosa, por cierto. Al margen de la pesca de la aguja o los daiquirís  dobles, sin azúcar, en El Floridita, su visión era mucho más dramática que la frecuentemente reflejada por sus estudiosos y biógrafos.

lunes, 16 de abril de 2012

Cuba a 50 años de esta Historia*





Por Ernesto Montero Acuña


Los fines de año se activan los recuerdos sobre Topes de Collantes, en especial los envueltos por el invierno y las circunstancias de la guerra.
No se olvida, por ejemplo, que el 7 de febrero de 1958 hubo escarcha allí. El periódico El Clarín, de Trinidad, titulaba su nota de entonces: Nevó en el área de Topes de Collantes, y decía que el 5 de febrero, “por las bajas presiones que venían azotando a nuestra República con tanta intensidad de frío”, el barómetro registró un grado bajo cero.
“Por consecuencia”, proseguía, “una descarga de escarcha cubrió toda la zona forestal de esa comarca”.
También se recuerda que un día así, al final de aquel año, cayó Miguel Calzada Nieblas junto a la carretera hacia Trinidad, el 29 de diciembre. Había nacido en 1939. Tenía 19 años, e intentaba capturar el cuartel de la Guardia Rural en Topes, frente al sanatorio. Se logró al fin, cuando él ya no estaba. O tal vez estuviera multiplicándose, como ahora.
Si hoy se inquiere allí sobre algún mártir, se le replica de inmediato: “Ah, Calzada Nieblas”. La secundaria lleva su nombre y también una escuela primaría. Pero igualmente podrían responderle: “Ah, Lucas Castellanos”, a quien en 1962 mataron luego de salir de clases en la escuela de Aguacate. Lo emboscaron en el entronque de Cedro Gordo y la Vereda de Balendero, finca Santa Rosa, el 15 de julio a las dos de la tarde. Había nacido en 1936 en Sitio de la Rosa, Topes de Collantes, donde casi siempre vivió. Tenía 26 años al morir. Mas, con su muerte, también lo multiplicaron.


Socarronería y gracia nacionales

Por Ernesto Montero Acuña                          
                                                                               Eladio Secades

Con finura, sin transgredir los peligrosos límites hacia lo chabacano, Eladio Secades dejó tal vez el más amplio reflejo de la sicología, la conducta, las formas y las esencias en el actuar de aquella parte de la población cubana empeñada en parecer lo que no era o en ser lo que no quería mostrar.
Como Enrique Núñez Rodríguez y Héctor Zumbado  en otro sentido, Secades refleja a los cubanos de la república frustrada, de los cuales él mismo formaba parte, y lo hacía con el bisturí más afilado de su época, aunque, si se observa bien, en sus estampas no se ataca o denuncia al sistema político. Se le refleja tal cual… y basta. ¿Para qué más, en la mayoría de los casos?                                                           
Ejemplares resultan por precisas y contextualizadas, la información y las valoraciones de Laidi Fernández de Juan, publicadas el 19 de abril de 2011, a propósito de la reimpresión de Estampas (1941-1958) de Eladio Secades, que ella antologa y acerca de las cuales aclara que “Ediciones Unión (las) publicó por primera vez en el año 2004, y afortunadamente de nuevo en el 2010”. Su precisión es admirable: “En ellas, aparecen las sesenta y tres estampas que consideré más representativas no solo del estilo secadiano, sino de la época, asi como los cinco cuentos salidos de la osadía narrativa de su autor. En las publicaciones ¡Alerta! y Bohemia, y entre los años 1941 y 1958 vieron la luz los más de ciento treinta artículos originales que hicieron de Eladio Secades el costumbrista más popular de su momento, y el mayor estampero de su tiempo.

Tocororo: Adorno de la naturaleza


 



Por Ernesto Montero Acuña
Foto: Yamilé Luguera


Buscar visualmente entre las oscuras ramas de árboles altos y frondosos puede tornarse infructuoso durante varios días, si lo que se persigue es encontrar un sonido con el cual uno no está familiarizado y, mucho menos, si se produce en un paraje poco conocido.
En Topes de Collantes, a 20 kilómetros de la surcentral ciudad cubana de Trinidad, puede sorprender al inicio la onomatopeya o canto de un ave, a la cual no se descubre fácilmente, quizás por la altura y la densidad de la floresta o por la ignorancia sobre cómo lograrlo.

También a lo lejos, hacia otras áreas boscosas, se escuchan sonidos semejantes, pero imprecisables. Durante varios días se repite el hecho, hasta cuando se logra descubrir al tocororo, Ave Nacional de Cuba, difícil de encontrar en otros parajes donde la expansión urbana limite a la fauna autóctona.
Se pueden hallar, sin embargo,  datos y descripciones más o menos acertadas acerca de este pajarillo de modesta envergadura, aunque de gran trascendencia. El Priotelus temnurus, según la clasificación, es una especie endémica de Cuba, donde figura como la más bella de sus aves, aunque existen otras muy hermosas.
En vistosidad compite con la cotorra, el carpintero real, el mariposo, el azulejo y otras, de sencilla belleza cromática todas, a pesar de que la urbanización las relega mayoritariamente hacia las áreas protegidas del interior del país, aunque existe una sólida política para la preservación.
Los datos sobre el tocororo pueden figurar en diversos sitios y documentos, pero la singular emoción que provoca, no.

Nicolás Guillén contra el Norte funeral




Por Ernesto Montero Acuña




Nicolás Guillén dejaba de par en par abierto su corazón oscuro a la Unión Soviética, país que consideraba camino seguro hacia lo que debía ser “el puerto” de la justicia, esa metáfora en la que encontraban refugio sus ideales de hombre y de poeta.
Vladimir Putin ha ganado las elecciones recientes con casi el 64 por ciento de los sufragios, seguido en los votos por el candidato del Partido Comunista de la Federación Rusa, Guennadi Ziuganov, quien obtuvo algo más del 17 por ciento, en unos comicios cuya limpieza fue defendida por observadores. Entre los dos se adueñaron del 81 por ciento de los sufragios, si bien con diferencias en sus proyectos políticos.

El éxito lo anunciaba así la prensa rusa al día siguiente:“Putin gana con amplia mayoría pero la oposición denuncia fraude”, extremo este último refutado por el hecho de que el mandatario vuelve a la Presidencia al ganar consistentemente en la primera vuelta. Según los medios, Putin asumirá así el retorno a la máxima magistratura y Dmitry Medvedev  al premierato.
Se mantiene un escenario de continuidad y cambios, en el cual se auguran modificaciones de las condiciones sociales para los ciudadanos de la Federación Rusa y un sólido protagonismo de este país en el escenario internacional, algo imprescindible para los avances en el  precario y muy tenso equilibrio global. Sin embargo, en el “Norte funeral” que decía Guillén, la respuesta adversa fue inmediata.
Se quiera o no, Rusia es una consistente heredera  de aquella URSS que logró avances considerables para toda la humanidad, incluida su decisiva victoria sobre el fascismo hará en mayo 67 años. Sin embargo, se observa en Occidente una preocupación obvia en  momentos de agobio por una situación económica en declive, contradicciones sociales agudas y perspectivas de apelar aún más a la violencia para sostenerse, en precario.

El Hombre en la Tierra





Por Ernesto Montero Acuña


Andábamos bajo el tórrido sol de Topes de Collantes, una mañana de temperatura inhabitual por lo elevada, cuando una tarja próxima a ciertos arbustos ornamentales, en Villa Caburní, nos condujo a indagar.
Suponíamos que estaría dedicada a algún fallecido, por supuesto, sobre todo en este sitio que fue centro de hostilidades en otros tiempos. Pero no, se homenajeaba con ella a Félix Rodríguez de la Fuente, el español de El hombre y la Tierra, hecho para la paz. Nos extrañó que se le recordara allí.
Este naturalista consideraba que “el hombre no es un ovni venido de una lejana galaxia”; que “el hombre es un poema tejido con la niebla del amanecer, con el color de las flores, con el canto de los pájaros, con el aullido del lobo o el rugido del león”. Por tanto, Topes es también su lugar, aunque el encuentro haya sido sorprendente.
Es justo que el hombre de trascendente cultura humana sobre las más diversas especies animales y su hábitat sea homenajeado así, en uno de los sitios más acogedores de Cuba por su naturaleza, su alcance en la preservación y su enorme futuro.
La condición de no ovni de Félix Rodríguez se perpetúa hoy en el discreto recodo de Topes de Collantes, distante del origen del naturalista, porque es uno de los sitios más en correspondencia con la condición de aquel que, respondiendo a su naturaleza, sucumbió ante ella.

Tengo en Nuestra América

Tengo en Nuestra América

Por Ernesto Montero Acuña  No suelen ir de la mano estadísticas y poesía, tal vez porque las acciones transitan en la siquis humana d...