sábado, 11 de noviembre de 2017

Mujer y poesía en Guillén

Nicolás Guillén en la Gran Muralla China.


Por Ernesto Montero Acuña

Cuando partía de Bucarest hacia Beijing, vía Moscú, Nicolás Guillén tuvo la feliz idea de comparar de un modo ingenioso a las bucarestinas con las cubanas, al decir que allí abunda la cálida belleza meridional que hace volver el rostro en la calle.
Añadía el Poeta Nacional de Cuba que ello podía ocurrir “como si estuviéramos” en la céntrica esquina habanera de Galiano y San Rafael, aunque pudiera haberse referido igualmente a otras numerosas confluencias en ciudades y poblados de su país.
También es posible que por aquellos meses finales de 1959, cuando escribió su crónica Carta de Pekín, publicada en el periódico Hoy el 18 de octubre, abundaran más las bellas, en cantidad, en la céntrica convergencia de las dos populosas vías, en la capital cubana.
Si bien cualquier villa de Cuba tiene en común con las de Rumanía el carácter latino y la geografía sureña, el tema va más allá de una digresión sobre semejanzas y diferencias entre rumanas y cubanas, pues el asunto viene a cuento en cuanto a la valoración del poeta acerca de la mujer.
Cuando se trata a fondo la situación femenina en el mundo, con sólidos y justos discursos de estadistas y apelaciones papales de Francisco, es obligado mostrar la visión poética de Nicolás Guillén, sobre todo por oportuna.
No puede pensarse que dedicara en su obra más numerosas y sentidas letras a la mujer por su atractivo que por su condición de socialmente igual. En este último sentido existen muchos más ejemplos que sobre la muy humana y normal atracción física, sin la cual no sobreviviría la especie.
En su poética se cuenta con las composiciones recopiladas en Poesías de amor (1933-1971) y a lo largo de este título no se encuentran la sexualidad desaforada, ni el erotismo al uso durante el neo romanticismo en boga en parte de aquella época.
Sus alusiones a lo que pudiera identificarse como pasional son tenues, escritas más como quien alude que como quien seduce.
Tampoco ha sido extraño, en sentido contrario, que haya existido quien le reprochara al poeta no haberle dedicado más espacio en su copiosa obra política y social a la poesía amorosa, aunque a ello aportó versos magistrales.
Obra de la escultora camagüeyana Marta Jiménez.
En A Julieta escribió algo tan sugerente como “Me gusta oírla hablar,/ porque las palabras salen de su boca como de un nido,/ primero se asoman, y en seguida rompen a volar”.
O mejor aún, otros versos de su Poema de amor: “No. Lo ignoro./ Desconozco todo el tiempo que anduve/ sin encontrarla nuevamente./ ¿Tal vez un siglo? Acaso./ Acaso un poco menos: noventa y nueve años./ ¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma/ un tiempo enorme, enorme, enorme.”
En fin, aludía a como es el tiempo de los enamorados, siempre tan escaso, pero dicho sin cursilería.
Podría citarse otros poemas, pero es preferible ceñirse a un ejemplo notorio, el inicio de En algún sitio de la primavera (Elegía): “Te lo dije. / Siempre te lo decía,/ porque no fue cosa de una vez./ Ten cuidado, no jures/ que me amarás hasta la muerte,/ mira que el amor es cosa seria,/ si te quedas viva/ ¡qué risa la que va a darnos a los dos/ lo que debiera ser un gran dolor!// Así fue./ Ahora me río hasta las lágrimas/ Fíjate bien. He dicho lágrimas”.
Son solo algunos versos, aunque resta un poema por citar, el de origen muy personal titulado Rosa tú, melancólica, que escribió para su esposa Rosa Portillo, cuando él se encontraba en Caracas y ella en La Habana: “El alma vuela y vuela/ buscándote a lo lejos,/ Rosa tú, melancólica/ rosa de mi recuerdo.”
En carta fechada en la capital venezolana el 28 de febrero de 1946 le preguntaba: “¿Vió el poema que le escribí? Es muy honesto y muy sentido“. Guillén lo publicaría luego en El son entero (1947), mucho antes de que apareciera su volumen de Poemas de amor.
Mas, en su poesía también existen los versos a Pasionaria (la Dolores de España), a la luchadora Ángela Davis (a quien había que cambiarle “los muros que alzó el odio por claros muros de aire”), a la pintora cubana Amelia Peláez (que “es como un mundo submarino”), a María Teresa León (poetisa, intelectual española y esposa de Rafael Alberti) y a muchas otras a lo largo y hondo de su obra.
Por las páginas de Prosa de prisa desfilan Rafaela Chacón Nardi, “la gran voz” que entonces despertaba; Rosa la Bayamesa, “cuyo recuerdo en ruinas urge reconstruir”; Josephin Baker, la negra universal a la que el Hotel Nacional le negó hospedaje por su color; Luz Gil, la que mucho significó en el teatro cubano; Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien “sin duda sentía profundo afecto por la isla en que nació”; y Rita Montaner, considerada la Única.
Se trata de una relación inevitablemente inconclusa, aunque también es cierto que durante la mayor parte de la vida de Nicolás Guillén la mujer en Cuba no tuvo el protagonismo generalizado de hoy e, incluso, que era asimismo más preterida en otra gran porción del mundo.
Pero siempre hubo ocasión para que el poeta fijara sus ojos en aquellas que, sensuales o no, se hicieron famosas, como Rosa la Bayamesa, de apellido Castellanos, por “su habilidad y ciencia para curar a los cubanos heridos o enfermos” en la Guerra de 1895 por la independencia de Cuba o por las de otras en venideras misiones necesarias.
Por esto escribir de ellas, como de Rosas, nunca es extemporáneo.

Birds en Topes de Collantes


Paisaje Natural Protegido de Topes de Collantes en Trinidad.


Por Ernesto Montero Acuña

Como si se juntaran todas las estaciones climáticas, en Topes de Collantes se renovó esta primavera las excelentes condiciones de alojamiento y sanatoriales y se amplió la oferta de servicios al turismo de eventos, para el cual existen instalaciones, naturaleza e iniciativas.

Ilustró sobre ello la XXI Conferencia sobre Aves del Caribe (Birds Caribbean), celebrada en el Kurhotel Escambray como parte de un hábitat apropiado para las investigaciones adecuadas, con lo que se incrementan las posibilidades que brindan el turismo de salud y el de naturaleza.

En intercambios con el Complejo Turístico Topes de Collantes, con varios de los 240 participantes en Birds Caribbean y mediante la simple observación se apreció mejor el desarrollo añadido a la decena de tratamientos sanatoriales ya existentes y a recorridos por parajes paradisíacos de centenares de kilómetros cuadrados.

La sede principal fue el enorme edificio allí concluido a mediados del siglo XX y recuperado en los años ochenta, al cual se incorporó desde 1963 grandes construcciones para incrementar, hasta 1967, las capacidades de una Escuela Formadora de Maestros destinada entonces al desarrollo educacional de Cuba.

El actual Kurhotel Escambray, reconstruido hacia 1985, se dedicó a tratamientos médicos recuperativos para militares, familiares y personal civil, al que se añadió luego el incipiente desarrollo del turismo internacional de naturaleza en el hotel Los Helechos, donde también se presta servicio a cubanos en moneda nacional.

Estas dos instalaciones, entre otras, se utilizaron ahora para la Conferencia sobre Aves del Caribe, que colmó pasillos, áreas externas y los amplios recibidores -sin suspender las atenciones habituales-, cuyas paredes mostraban provisorios afiches y láminas para ilustrar sobre contenidos de ponencias, paneles y mesas redondas programados con la intervención de muy documentados especialistas.

Trataban sobre especies ornitológicas, características propias de aquellas o de su hábitat, a la vez que se podía observar, en aquel medio, las valiosas pinturas de artistas cubanos de la Generación de los 80, existentes ya en esta y en otras edificaciones, incluido el Museo de Arte Cubano Contemporáneo.

Kurhotel Escambray, centro médico y de alojamiento.
La naturaleza de la cordillera de Guamuhaya -también conocida como Escambaray- arropa a Topes de Collantes y, ejemplifica, según especialistas, la correlación mundial entre 686 mil especies de insectos y ocho mil 600 de aves, en su relación con el resto de la vida animal y vegetal y, significativamente, con la del propio ser humano.





Se trata de una compleja convivencia en riesgo global hoy, lo cual ilustra sobre la importancia de eventos como el ocurrido en Topes de Collantes, a solo 365 kilómetros al este de La Habana, y escenario con amplias perspectivas turísticas, científicas, culturales e históricas.

Son posibilidades que se ofrece en un planeta Tierra con trinos menguantes y zumbidos crecientes, pues la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ha estimado que, entre 1990 y 2010, desaparecieron 106 millones de hectáreas de bosques, equivalentes a la desertificación de países como Colombia.

Debido a ello se reclama evitar la ruptura del equilibrio entre aves e insectos, si bien en Topes de Collantes, cual microparaíso ecológico, se observan o escuchan especies de diverso tipo, entre ellas el abundante tocororo, con su plumaje que sintetiza la bandera nacional cubana: rojo, azul y blanco.

Abundan allí la cotorra, el negrito, el gavilán, los carpinteros verde y churroso, los sijúes cotunto y platanero, el zunzuncito, el catey, el gavilán colilargo, el tomeguín del pinar… y muchas más aves y especies con sus cantos naturales y sus plumajes como de adorno. Solo se menciona aquí parte de las 33 endémicas de avifauna estimadas para este Paisaje Natural Protegido. Mas, si así es la fauna, la flora no resulta inferior.

Conforman sus bosques de altura desmesurada cuatro especies de pino de Cuba y otras catorce muy diversas, doce de eucaliptos, cien de plantas ornamentales, numerosas variedades de helechos, cincuenta y ocho de orquídeas silvestres, yerbas medicinales, la nívea mariposa -flor nacional de Cuba- y muchas más.

Su vegetación frondosa es propia de bosques enriquecidos y de montes clasificados como pluvisilva de montaña, poblados por árboles, arbustos, lianas, musgos y líquenes abundantes. Envuelven al visitante el verdor y una temperatura como la que desea el hombre citadino para todo el año, acentuada en invierno.

Tal es el entorno donde se desarrolló, en
julio, la Conferencia Birds Caribbean, cuya directora ejecutiva es la doctora Lisa Sorenson; y el presidente, Andrew Dobson, parte de una amplia directiva internacional; y de un Comité Organizador cubano presidido por Maikel Cañizares Morera e integrado por varias personalidades.

Durante el evento se reconoció el papel de los organizadores, de los guías voluntarios en los viajes de campo, de los directivos en el Paisaje Natural Topes de Collantes, y de  las agencias y compañías que operan en Cuba y proporcionaron financiamiento o donaciones de servicios y productos.

Entre estas se mencionó a Conectando Paisaje, CPP-OP15 Manejo de Tierras, Grupo de Turismo Gaviota, Habana Club, Instituto de Ecología y Sistemática, Agencia de Viajes San Cristóbal y la Sociedad Cubana de Zoología, a la vez que se nombró a no menos de doce donantes y contribuyentes de otras partes del Caribe y de Estados Unidos, que apoyaron la reunión.

Se destacó así a Audubon International Alliance Program, Blue Horizon Garden Resort, Caribbean Natural Resource Institute, Caribbean Conservation Trust, The Cornell Lab of Ornitology, Eagle Optics, Easy Sky Airlines, Optics for de Tropics, Rare Especies Conservation Foundation, The Frienship Association, Vortex Optics y Wildside Nature Tours.

Debe incluirse también el esfuerzo previo, con resultados alentadores para este tipo de actividades, en el Kurhotel Escambray, que se acondicionó como sede con apropiadas instalaciones, incluido un teatro con dos centenares y medio de lunetas. Debido a su adecuación, podrá ofrecer mejoras futuras a sus huéspedes habituales y a los promotores de eventos.

Sobre la evolución de este lugar, el coronel retirado y médico activo Ángel Fernández Vila, director del Complejo Turístico Topes de Collantes entre 1988 y el 2003, comentó a Prensa Latina la etapa crucial en que la instalación se transformó en Escuela Formadora de Maestros, el 5 de diciembre de 1962, hace 55 años.

Reveló al respecto que “a cargo de la dirección docente entonces, incluida la ejecución de las obras que se encuentran debajo del altiplano -hoy hoteles en su mayoría- y de la siembra de la enorme riqueza forestal existente, se encontraba un compañero nombrado Marcos Pérez Álvarez, quizás la persona más querida en Topes de Collantes”.

Añadió acerca de las construcciones dirigidas por aquel educador, fallecido recientemente, que varias se adaptaron como hoteles, entre ellas Los Helechos, Los Pinos, el Serrano y otras, el primero de los cuales destinó entonces capacidades al turismo internacional en la modalidad de recorrido, con visitas programadas al salto El Rocío.

En aquella etapa se añadieron los recorridos nombrados: Caburní, que conduce al salto homónimo; Guanayara, con su Casa de la Gallega; la Hacienda Codina, antiguamente cafetalera; Los Almendros, con su restaurante El Cubano; Vegas Grandes, con su salto de agua y su piscina natural; y, por último, los propiamente del altiplano Topes de Collantes.

Fundado a fines de los años ochenta, este agrupa atracciones como La Represa, la gruta La Batata, el Jardín de Gigantes y el Museo de Arte Cubano Contemporáneo, de gran valor cultural, pues reúne obras de renombrados artistas como Ever Fonseca, Zaida del Río, Nelson Domínguez, Flora Fong y muchos más… en un complejo turístico con cerca de 800 creaciones, entre óleos, murales, esculturas, instalaciones y grabados.

En el presente se recupera el enorme anfiteatro de diez mil capacidades construido bajo la dirección de Marcos Pérez; y donde Fidel Castro, entonces Primer Ministro, les habló el 18 de julio de 1966 a cerca de siete mil futuros maestros, razones por las cuales debe reconocerse la justa intención de preservar lo que la naturaleza y la historia han brindado, tanto al morador habituado, como al visitante extasiado.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Tengo en Nuestra América


Por Ernesto Montero Acuña 

No suelen ir de la mano estadísticas y poesía, tal vez porque las acciones transitan en la siquis humana de la emoción a la razón, antes que a la acción, mediante un proceso en el cual el ser condiciona el hacer. Pero existen poetas que exhortan a que corran parejos el sentir y el actuar. 

José Martí alertaba en Nuestra Améríca (1) acerca de ello, tal vez con acritud, pero también con aliento de largo alcance:  “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal” […].

Solo se trata aquí de mostrar lo que posiblemente permita comprender, aproximadamente, la trascendencia de Tengo (2), en el año en que se cumple el cincuentenario de la publicación del libro que contiene este poma trascendente en la obra de Nicolás Guillén y en la literatura y la historia cubanas.
El volumen compila obras poéticas mayormente aparecidas en diversos medios periodísticos con la urgencia que reclamaban los años iniciales de la revolución triunfante el 1 de enero de 1959, aunque también figuran poemas compuestos anteriormente, como, por ejemplo, Mella (1945), Pasionaria (1951). Un negro canta en Nueva York (1952), Che Guevara (1959)  y algunos más.

Tengo es el canto entusiasmado de Guillén al advenimiento de lo que su obra premonitoria había reclamado y augurado con no menos de treinta años de anterioridad en West Indies, Ltd., su libro que consolidó en 1934, en profundidad, lo social y lo racial con lo nacional y lo regional antiimperialista, ya visible en su sección Pisto Manchego del periódico El Camagüeyano.

Debe deslindarse, sin embargo, lo que este poema canta y el resto de los que componen el volumen, pues, si bien están emparentados casi todos por los momentos de la concepción y el alumbramiento, parece atinado individualizarlos para el análisis y tal vez agrupar  los de mayor semejanza entre sí. Pero no hay duda de que el paradigmático, señero y cimero es Tengo.

Así lo escribe el poeta: “Cuando me veo y toco/ yo, Juan sin Nada no más ayer,/ y hoy Juan con Todo,/y hoy con todo,/ vuelvo los ojos, miro,/ me veo y toco/ y me pregunto cómo ha podido ser.” Y añade:  “Tengo, vamos a ver,/ tengo el gusto de andar por mi país,/ dueño de cuanto hay en él,/ mirando bien de cerca lo que antes/ nunca tuve ni podía tener”.

Mas, ¿a qué se refería en orden de prioridades? Es bien visible: “Zafra puedo decir,/ monte puedo decir,/ ciudad puedo decir,/ ejército decir,/ ya míos para siempre y tuyos, nuestros,/ y un ancho resplandor/ de rayo, estrella, flor. […] Tengo, vamos a ver,/ tengo el gusto de ir/ yo, campesino, obrero, gente simple,/ tengo el gusto de ir/ (es un ejemplo)/ a un banco y hablar con el administrador,/
no en inglés,/ no en señor”…

Es el canto feliz del poeta en representación de las generaciones que sufrieron la independencia frustrada en 1902, de la casi juvenil –salvo otras en las que pervivía la tradición- que hizo la revolución de 1959 y a la que se incorporó –mejor: se incorporaron- las que la doctora Graciela Pogolotti (3) identifica como la Generación agradecida, cabe pensar que refiriéndose al “yo, campesino, obrero, gente simple” del poema.  

Guillén conocía, por supuesto, las desigualdades existentes en la Cuba de Tengo, entre 1959 y 1964, y no incurrió en el error de afirmar que “todos somos iguales”. Partió de la ejemplificación cierta de que todos tenemos los derechos que hasta entonces nos habían impedido las clases dominantes nacionales y las del imperialismo omnipresente mediante sus medios económicos y sus instrumentos de poder. 

¿Qué no se podía antes de 1959?

Aún recuerdo al niño a quien el guardajurado del Ten Cents de Camagüey, establecimiento de baratijas de los estadounidenses almacenes Woolwort, corrió de la puerta de aquel comercio para que no “afeara” el acceso a los efectivos o potenciales compradores, parte de ellos pertenecientes a la burguesía terrateniente de aquella comarca de “pastores y sombreros”.     

Cuando el poeta compuso Tengo ya al negro y al blanco nadie  los podía (ni puede) detener a la puerta de un dancing o de un bar o en la carpeta de un hotel, ni hay guardia rural (o guardajurado) que los agarre y los encierre en un cuartel, ni los arranque y los arroje de su tierra al medio del camino real. Son suyos el mar, sin country, ni jailáif, ni tenis, ni yacht; y pueden viajar “de playa en playa y ola en ola”, en el “gigante azul abierto democrático” mar, a condición de que hayan adquirido debidamente la solvencia necesaria.

Existe hoy una diferenciación, pero distinta de la de antes y con otro destino. La imponen las reglas de una economía que se propone servir a las mayorías a las que Guillén cantaba en Tengo. Mas en un país que en el año 1964 poseía apenas seis millones de habitantes y que en el año 2012 estaba poblado por 11 millones 163 mil 934 cubanos, el 76 por ciento de ellos concentrados en medios urbanos. 

Notable diferencia es también que en aquella época el promedio de vida era de 58 años y hoy supera los 78. 

En 1964 el planeta estaba habitado por algo menos de tres mil millones de habitantes y hoy se aproxima a los siete mil millones 274 mil, los que solo en este año se incrementarán en 70 millones 547 mil 811, una progresión que algunos estiman aceleradamente creciente hasta el 2050, si las circunstancias y la voluntad humana no deciden algo distinto, ojala menos dramático.

Es atinado tener en cuenta que en el año 2014 la cifra de desnutridos se fija en 886 millones 216 mil 981 y la de muertos por hambre en un día, el 12 de noviembre a las 11:00 am, hora de Cuba, es de 13 mil 841, según datos de worldometers (4).

El gran escritor de ciencia ficción Isaac Asimov publicó en 1964, hace también cincuenta años, que la población de la Tierra se acercaba entonces a los tres mil millones de habitantes, cifra que, según él, se duplicaba cada 40 años, debido a lo cual a mediados del 2020 debemos aproximarnos a los nueve mil millones de seres humanos sobre este planeta con capacidad y condiciones limitadas.

Viene a la mente en este momento paradojal, y crucial, la amistad entre Nicolás Guillén y el poeta francés y maquis Paul Éluard (5), el de […] “la mirada pura, el rostro grave/ y aquella forma entre severa y suave/ de ser” (6). El mismo que escribió: […] “nací para conocerte/ para cantarte/ Libertad”, algo que solo puede lograrse cuando se aprende a leer, a contar, a escribir, a pensar, a reír… y se tiene donde trabajar y ganar lo que se tiene que comer.

Esta noción de libertad e igualdad que se basa en obtener lo necesario mediante el trabajo, como debe ser, se avizora posible sobre la base de una ética justa en este planeta superpoblado y cuya desigualdad habrá que solucionar cuando cada quien tenga lo imprescindible, al estilo de Guillén. Parece la única forma de sobrevivencia alcanzable, si corren parejas la emoción y la acción con el merecer y el tener.

No se puede vivir con las mismas libertad, igualdad y solvencia económica de hace cinco décadas si no se aprende que el Tengo de hoy tiene que ser, en este orden, diferente del de cuando se escribió bajo el estímulo de la Revolución triunfante.

Cuba tenía entonces la mitad de la población actual y el mundo apenas iniciaba su tránsito hacia los nueve mil millones de congéneres que lo poblarán dentro de apenas una década, cuando la concentración y la centralización de las riquezas podrán ser más asfixiantes para los pobres si persiste el actual orden unipolar en proceso ascendente de globalización.

Con ajustado acento ideológico y adecuada visión global, en aquel presente sueño-suyo, Nicolás Guillén culminaba magistralmente el mayor tener al cual podía y debía aspirarse, como él lo expresaba: “Tengo que ya tengo/ donde trabajar/ y ganar/ lo que me tengo que comer.”

Aquella era la carencia máxima donde apenas seis años antes el desempleo y el subempleo superaban el 25 por ciento, en un país dependiente, subdesarrollado y donde nada era subsidiado, comenzando por las precarias salud y educación de entonces, peores para los pobres, de cualquier color, pero doblemente precarias para la mayoría de los negros.  

El más profundo dilema ideológico de Tengo, hoy, es comprender que continúa siendo perentorio trabajar para ganar “lo que me tengo que comer”. Pero haciéndolo con adecuación a un orden en el cual la solvencia y el consumo de cada quien deben ser adecuados al aporte social de cada uno, en  condiciones distintas a las de 1964, luego de alcanzados todos los demás bienes “míos para siempre y tuyos, nuestros”,  obtenidos en “un ancho resplandor/ de rayo, estrella, flor.” 

Tal vez volverlo a comprender y a sentirlo plenamente, todos, sea el mayor reto de Cuba, hoy y en los próximos años, cuando el planeta, que tendrá las mismas dimensiones, estará repartido en menor escala, si evitamos que estalle. Porque en esta última circunstancia no tendremos nada, ni nada nos hará falta.

Viene a colación aquí la segunda parte del silogismo de Martí en Nuestra América, quien censura al aldeano que da por bueno el orden universal […]  “sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos”. (7)

Por esto el mayor reto global hoy, cuando por el Sur avanza “un ancho resplandor/ de rayo, estrella, flor” es que se aprenda a tener con la cabeza en el cielo, pero con los pies en el suelo, porque así comenzaría el Hombre a despojarse del resto de su dimensión aldeana… para bien.

(1)    José Martí: Nuestra América, La Revista Ilustrada, Nueva York, mayo de 1891. Según Obras completas, tomo VI, p. 157.    
(2)   Nicolás Guillén: Tengo, publicado el 18 de junio de 1963 en La Gaceta de Cuba. Bajo este título apareció el poemario editado por la Universidad Central de Las Villas, a cargo de Samuel Feijoo, en 1964.
(3)   Graciela Pogolotti: Conferencia sobre el cincuentenario de Tengo, en el Proyecto todas las manos, de la Fundación NG en la comunidad de La Timba, La Habana, 11 de noviembre del 2014.
(4)    Estadísticas tomadas de la página web de actualización inmediata http://www.worldometers.info/es/ , el 12 de noviembre del 2014.
(5)   Paul Éluard (apellido materno): Poeta francés autor de Libertad. Saint-Denis, 14 de diciembre de1895-18 de noviembre de 1952. Su verdadero nombre era Eugène Grindel.
(6)   Nicolás Guillén: Paul Ëluard, La paloma de vuelo popular, Obra poética, tomo II, ed. Letras Cubanas, La Habana, 2011, p. 38.
(7)   José Martí: Op. cit., p. 157.



domingo, 12 de enero de 2014

Guillén y Hemingway en la isla de Turiguanó


Durante los años cuarentas, el poeta cubano Nicolas Guillén y el narrador estadounidense Ernest Hemingway, con antecedentes amistosos desde el Madrid de la República, reflejaron en obras suyas a este Turiguanó cuando era una porción de tierra rodeada por el agua de las lagunas de La Leche y La Redonda, el mar, los canalizos, los pantanos y el abandono.
La vida de quienes la habitaban era de absoluta precariedad y aislamiento. Quienes vivieron ese pasado se lamentaban de que solo podían trasladarse a Morón en la embarcación -pago mediante- del norteamericano que convertía a la isla en hacienda ganadera.
Aún se cuenta que muchos de sus habitantes murieron o sufrieron graves enfermedades curables, debido a la imposibilidad de arribar al poblado próximo, por no disponer de los medios para viajar a la ciudad de Morón, un corto recorrido para muchos inimaginable.Hoy en Turiguanó se pueden recorrer sus 207 kilómetros cuadrados -23 de largo y nueve de ancho- a través de una carretera construida a inicios de los años sesentas, que enlazan la isla con las restantes del archipiélago Jardines del Rey, uno de los grandes polos turísticos de Cuba.
Donde antes existían islotes explotados por empobrecidos carboneros, o por humildes pescadores, hoy se universaliza otra vida.


domingo, 6 de mayo de 2012

Camagüey



Por Nicolás Guillén

Como las mujeres, toda ciudad tiene dos caras. Una para andar por casa, y otra para salir, para pasear. La cara que se le enseña al novio, y la que después conoce el marido, en el “desorden húmedo de la mañana”, cuando se salta del lecho al laboratorio del tocador.
Hay así, el ciudadano que vive engañado por los afeites y pinturas de la ciudad amada, y el que conoce toda la verdad, sin que por ello padezca su amor. El que sólo la quiere para lucirla, y el que la quiere a pesar de verla a toda hora, y quizá por eso mismo.

No es exagerado decir, pues, que para muchos camagüeyanos, su pueblo natal, la antigua y venerable Santa María de Puerto Príncipe, está surgiendo ahora, pimpante como una jovenzuela que asoma por primera vez sus narices en                    sociedad. ¡Qué queréis! Son sus novios; espíritus “modernistas” que abominan de todo cuanto les recuerde el “buen tiempo viejo”, que ya pasó.

Según ellos, Camagüey empieza por donde acaba: el cemento y el adoquín. Lo otro… ¡Bah! Lo otro es paisaje; supervivencia vergonzosa, que es necesario ocultar, hasta que lo tumbe la consabida piqueta del progreso, manejada por los feroces “comités de vecinos”.
Yo recuerdo que durante una reciente y prolongada estancia mía en la “patria chica”, tuve que convertirme más de una vez en cicerone de algún viajero fugaz e instruido que, de paso por el pueblo, quería conocerle, como es natural, en sus detalles más interesantes. Si acertaba a formularme su ruego en presencia de un “novio”, de un camagüeyano modernista, éste echábase a temblar, y en lo que tenía ocasión tomábame del brazo, a fin de suplicarme con voz de anticipado reproche:
–¡Ve si lo vai’ a meter en esoj andurrialej que a vo’ o’ gutan, porque el hombre se va a figurar que to’ el pueblo e’ así!


miércoles, 2 de mayo de 2012

Historia verdadera de Dolores Rondón

Por Ernesto Montero Acuña         



Un cantor doméstico de tonadas guajiras, en las noches solía lanzar al viento, a la luz del candil, los versos que inmortalizan a la mulata camagüeyana Dolores Rondón, una décima que ilustra ejemplarmente acerca de la supremacía que se atribuye a los valores morales sobre los bienes o los disfrutes materiales.
Desgranaba el hombre durante horas sus estrofas, entre las cuales incluía la novela en versos de Camilo y Estrellita, creada por el no tan repentista Chanito Isidrón; las tres décimas de Nicolás Guillén pertenecientes a la Elegía camagüeyana y la sin dudas moralizante del epitafio a la Rondón.
Así que el asunto viene a formar parte de algo más trascendente que una simple leyenda acerca de una mulata bella, que, en su vejez, muere de tisis o de alguna epidemia local y comienza a yacer en el “camposanto”, como se solía identificar con más frecuencia al cementerio situado casi en Cielo y Carretera, un área hoy muy céntrica en Camagüey.
Se asegura que este cementerio, bendecido y  abierto al público el 3 de mayo de 1814, es el más antiguo en funcionamiento en Cuba, fue escenario del incineramiento parcial de Ignacio Agramonte, a quien depositaron luego en una fosa común, y lugar que acompaña desde antaño algunas leyendas como la de la mulata más recordada en la historia de la ciudad.
Mas, ¿existió realmente aquella émula camagüeyana de Cecilia Valdés? El epitafio está ahí, en un área muy visible, cuasi aristocrática en otros tiempos, del cementerio de la Plaza del Cristo; y, se quiera o no, tuvo un autor y está dedicado a alguien que allí tuvo que yacer. ¿Qué pudo inspirar al autor? La conseja es evidente, pues deriva claramente de la letra del poema. 
¿No dice acaso el texto: “Aquí Dolores Rondón/finalizó su carrera”? Si nos atenemos a un aleccionador proverbio británico o inglés, vaya usted a saber con esto de las precisiones, lo más demostrativo de que el budín existe -pudín decimos nosotros- es que se puede comer. En el caso nada vulgar de los versos, lo evidentemente explícito es que están dedicados a una mujer con ese nombre o mediante él identificada.


jueves, 19 de abril de 2012

Cubanía, las raíces

Por Ernesto Montero Acuña    
              Sensemayá, la culebra.

Nicolás Guillén es síntesis de cubanía.
Camagüey ocupa el territorio en otro tiempo limítrofe entre las que devinieron provincias de Oriente, al este, y de Las Villas, al oeste, o entre la Capitanía General de La Habana  y el prominente centro histórico y urbano de Santiago de Cuba, primera capital del país desde  su fundación en 1515 y hasta 1556.
Más que la dimensión geográfica, lo anterior caracteriza un hecho que no es de segundo orden en la historia cubana: la correlación entre negros y blancos en el país, entre esclavos y esclavistas, entre dominantes y dominados.
Desde 1492 hasta 1870 se introdujo en la isla a cerca de 702 mil negros africanos. Unos 130 mil había en 1800 entre una población total de 350 mil habitantes. En  1848 ya eran alrededor de 400 mil, esclavos. Cuando se decretó la abolición de la esclavitud, en 1886, el 17,2 por ciento de la población estaba integrada por mulatos y el 14,9 por negros, según estadísticas de 1899. Las proporciones eran más acentuadas hacia la región oriental y decrecientes hacia la central. 
Aquel fue el contexto vital y cultural de Guillén.
Camagüey tenía una cifra intermedia, entre el mayor porcentaje oriental y el menor del centro. A la antigua Santa María del Puerto del Príncipe, cuya fundación se sitúa en el 2 de febrero de 1514, se le atribuye también una mayor mulatez y una ilustración relativamente acentuada. Nicolás Guillén, camagüeyano, como se sabe, consideraba influyente en las características locales el porcentaje de inmigrantes castellanos asentados en este territorio, de extensas llanuras como Castilla. Durante la infancia y la juventud del poeta se encontraba extendido el arcaico voseo, de modo que eran parte del habla cotidiana y popular las frases “a dónde vo vai”, “de dónde vo venii”, “qué vo creei” y otras semejantes, por las castizas “vos vais, venís, creeis”.

Muy diferente era el estado de la ciudad de La Habana, capital metropolitana del país y territorio más cosmopolita y muy diferenciado en lo que a tenencia de esclavos se refería. En más alto porcentaje, estos eran empleados en labores domésticas, con una influencia intelectual más “pulida” que los del resto del país.
Características demográficas y contexto histórico originan en su momento a un Nicolás Guillén que, nacido en el Camagüey más mulato que negro, sintetiza una poesía nacional que, con raíces y origen indudablemente cubanos, se torna cosmopolita hacia el primer tercio de aquel siglo republicano, con Motivos de Son, en 1930, si bien con antecedentes en Cerebro y Corazón y en Al margen de mis libros de estudio.
Nacido el 10 de julio de 1902, el que con los años es reconocido como Poeta Nacional, había venido al mundo apenas 16 años después de la abolición de la esclavitud, a 38 años del inicio de la primera guerra de independencia proclamada por Carlos Manuel de Céspedes –quien había otorgado simultáneamente la libertad a sus esclavos- y en coincidencia con el advenimiento de Cuba a una pseudo independencia, a una república sin verdadera autonomía y a una imposible igualdad racial y ciudadana.

martes, 17 de abril de 2012

Habanastation, de vuelta a muchas Cuba

Por Ernesto Montero Acuña




No es una falta de ortografía omotir la "s" en el nombre del país, más bien reincido en  mi empeño de reconocer la pluralidad de una sola Cuba, ahora que declina un tanto el furor por este filme cuyos valores nacionales intrínsecos continuarán trascendiendo, aunque fuera desde el silencio. Por eso sostengo lo que escribí antes y a ello me remito.
Habanastation acude a polos aparentemente opuestos para reflejar un país que puede ser visto de distinto color según el cristal con que se mire, pero que el filme no muestra más diverso de lo que es. Se ha interpretado que muestra Cubas diversas, aunque esto no parezca acertado en ningún sentido, y retomo lo dicho.
Ian Padrón y un colectivo –que no es sustantivo de emergencia en este caso- de artistas e intelectuales de una vanguardia madura, hecha y responsable, reflejan defectos y virtudes nacionales. Pero con mirada integradora, aunque cada espectador, por su singularidad, medite mayormente sobre el ángulo que le sea más familiar.Se presenta una realidad acertada, socialmente compartida y actual, sin dejar de ser una advertencia para todos acerca del futuro de esta “colmenita” nacional, en la que tanto debe asimilarse como experiencia el resultado del grupo infantil homónimo creado y conducido por Carlos Alberto Cremata.

Cuba en Hemingway


                     


Por Ernesto Montero Acuña   


Sin haber nacido en Cuba, en muchos sentidos Hemingway vivió como cubano. Su condición de premio Nobel la depositó en El Cobre, como el más devoto de los nacionales.
Ernest Hemingway fue un hombre empeñado en la búsqueda del asidero propio, un persecutor del sentido de la vida, o de algo que tal vez no haya encontrado en Cuba, pero cuya ausencia domeñó aquí por más de tres décadas.
Su percepción personal tuvo mucho que ver con la constancia, la persistencia, como en el viejo Santiago, de Cojímar; por lo que se recuerda, a cincuenta años de su muerte el 2 de julio, la sentencia definitoria en El viejo y el mar: “Un hombre puede ser destruido pero no vencido”.
Al respecto, sus exegetas no han olvidado casi nada. Pero, “solo” casi nada. ¿Se conoce suficientemente su percepción de Cuba, no obstante la híper repetida frase de que un hombre debe vivir allí donde se siente bien, en el sentido de poder escribir en paz, etcétera?
¿No se asocia demasiado esa afirmación al carácter acogedor del país, independientemente de su situación histórica y de las condiciones en las que moraban sus habitantes? Parece que sí.
Mas,  Hemingway se ha encargado de dejar testimonio sobre cómo percibía a la Cuba donde residió por tres décadas. Valoración nada voluptuosa, por cierto. Al margen de la pesca de la aguja o los daiquirís  dobles, sin azúcar, en El Floridita, su visión era mucho más dramática que la frecuentemente reflejada por sus estudiosos y biógrafos.

lunes, 16 de abril de 2012

Cuba a 50 años de esta Historia*





Por Ernesto Montero Acuña


Los fines de año se activan los recuerdos sobre Topes de Collantes, en especial los envueltos por el invierno y las circunstancias de la guerra.
No se olvida, por ejemplo, que el 7 de febrero de 1958 hubo escarcha allí. El periódico El Clarín, de Trinidad, titulaba su nota de entonces: Nevó en el área de Topes de Collantes, y decía que el 5 de febrero, “por las bajas presiones que venían azotando a nuestra República con tanta intensidad de frío”, el barómetro registró un grado bajo cero.
“Por consecuencia”, proseguía, “una descarga de escarcha cubrió toda la zona forestal de esa comarca”.
También se recuerda que un día así, al final de aquel año, cayó Miguel Calzada Nieblas junto a la carretera hacia Trinidad, el 29 de diciembre. Había nacido en 1939. Tenía 19 años, e intentaba capturar el cuartel de la Guardia Rural en Topes, frente al sanatorio. Se logró al fin, cuando él ya no estaba. O tal vez estuviera multiplicándose, como ahora.
Si hoy se inquiere allí sobre algún mártir, se le replica de inmediato: “Ah, Calzada Nieblas”. La secundaria lleva su nombre y también una escuela primaría. Pero igualmente podrían responderle: “Ah, Lucas Castellanos”, a quien en 1962 mataron luego de salir de clases en la escuela de Aguacate. Lo emboscaron en el entronque de Cedro Gordo y la Vereda de Balendero, finca Santa Rosa, el 15 de julio a las dos de la tarde. Había nacido en 1936 en Sitio de la Rosa, Topes de Collantes, donde casi siempre vivió. Tenía 26 años al morir. Mas, con su muerte, también lo multiplicaron.


Socarronería y gracia nacionales

Por Ernesto Montero Acuña                          
                                                                               Eladio Secades

Con finura, sin transgredir los peligrosos límites hacia lo chabacano, Eladio Secades dejó tal vez el más amplio reflejo de la sicología, la conducta, las formas y las esencias en el actuar de aquella parte de la población cubana empeñada en parecer lo que no era o en ser lo que no quería mostrar.
Como Enrique Núñez Rodríguez y Héctor Zumbado  en otro sentido, Secades refleja a los cubanos de la república frustrada, de los cuales él mismo formaba parte, y lo hacía con el bisturí más afilado de su época, aunque, si se observa bien, en sus estampas no se ataca o denuncia al sistema político. Se le refleja tal cual… y basta. ¿Para qué más, en la mayoría de los casos?                                                           
Ejemplares resultan por precisas y contextualizadas, la información y las valoraciones de Laidi Fernández de Juan, publicadas el 19 de abril de 2011, a propósito de la reimpresión de Estampas (1941-1958) de Eladio Secades, que ella antologa y acerca de las cuales aclara que “Ediciones Unión (las) publicó por primera vez en el año 2004, y afortunadamente de nuevo en el 2010”. Su precisión es admirable: “En ellas, aparecen las sesenta y tres estampas que consideré más representativas no solo del estilo secadiano, sino de la época, asi como los cinco cuentos salidos de la osadía narrativa de su autor. En las publicaciones ¡Alerta! y Bohemia, y entre los años 1941 y 1958 vieron la luz los más de ciento treinta artículos originales que hicieron de Eladio Secades el costumbrista más popular de su momento, y el mayor estampero de su tiempo.

Tocororo: Adorno de la naturaleza


 



Por Ernesto Montero Acuña
Foto: Yamilé Luguera


Buscar visualmente entre las oscuras ramas de árboles altos y frondosos puede tornarse infructuoso durante varios días, si lo que se persigue es encontrar un sonido con el cual uno no está familiarizado y, mucho menos, si se produce en un paraje poco conocido.
En Topes de Collantes, a 20 kilómetros de la surcentral ciudad cubana de Trinidad, puede sorprender al inicio la onomatopeya o canto de un ave, a la cual no se descubre fácilmente, quizás por la altura y la densidad de la floresta o por la ignorancia sobre cómo lograrlo.

También a lo lejos, hacia otras áreas boscosas, se escuchan sonidos semejantes, pero imprecisables. Durante varios días se repite el hecho, hasta cuando se logra descubrir al tocororo, Ave Nacional de Cuba, difícil de encontrar en otros parajes donde la expansión urbana limite a la fauna autóctona.
Se pueden hallar, sin embargo,  datos y descripciones más o menos acertadas acerca de este pajarillo de modesta envergadura, aunque de gran trascendencia. El Priotelus temnurus, según la clasificación, es una especie endémica de Cuba, donde figura como la más bella de sus aves, aunque existen otras muy hermosas.
En vistosidad compite con la cotorra, el carpintero real, el mariposo, el azulejo y otras, de sencilla belleza cromática todas, a pesar de que la urbanización las relega mayoritariamente hacia las áreas protegidas del interior del país, aunque existe una sólida política para la preservación.
Los datos sobre el tocororo pueden figurar en diversos sitios y documentos, pero la singular emoción que provoca, no.

Nicolás Guillén contra el Norte funeral




Por Ernesto Montero Acuña




Nicolás Guillén dejaba de par en par abierto su corazón oscuro a la Unión Soviética, país que consideraba camino seguro hacia lo que debía ser “el puerto” de la justicia, esa metáfora en la que encontraban refugio sus ideales de hombre y de poeta.
Vladimir Putin ha ganado las elecciones recientes con casi el 64 por ciento de los sufragios, seguido en los votos por el candidato del Partido Comunista de la Federación Rusa, Guennadi Ziuganov, quien obtuvo algo más del 17 por ciento, en unos comicios cuya limpieza fue defendida por observadores. Entre los dos se adueñaron del 81 por ciento de los sufragios, si bien con diferencias en sus proyectos políticos.

El éxito lo anunciaba así la prensa rusa al día siguiente:“Putin gana con amplia mayoría pero la oposición denuncia fraude”, extremo este último refutado por el hecho de que el mandatario vuelve a la Presidencia al ganar consistentemente en la primera vuelta. Según los medios, Putin asumirá así el retorno a la máxima magistratura y Dmitry Medvedev  al premierato.
Se mantiene un escenario de continuidad y cambios, en el cual se auguran modificaciones de las condiciones sociales para los ciudadanos de la Federación Rusa y un sólido protagonismo de este país en el escenario internacional, algo imprescindible para los avances en el  precario y muy tenso equilibrio global. Sin embargo, en el “Norte funeral” que decía Guillén, la respuesta adversa fue inmediata.
Se quiera o no, Rusia es una consistente heredera  de aquella URSS que logró avances considerables para toda la humanidad, incluida su decisiva victoria sobre el fascismo hará en mayo 67 años. Sin embargo, se observa en Occidente una preocupación obvia en  momentos de agobio por una situación económica en declive, contradicciones sociales agudas y perspectivas de apelar aún más a la violencia para sostenerse, en precario.

El Hombre en la Tierra





Por Ernesto Montero Acuña


Andábamos bajo el tórrido sol de Topes de Collantes, una mañana de temperatura inhabitual por lo elevada, cuando una tarja próxima a ciertos arbustos ornamentales, en Villa Caburní, nos condujo a indagar.
Suponíamos que estaría dedicada a algún fallecido, por supuesto, sobre todo en este sitio que fue centro de hostilidades en otros tiempos. Pero no, se homenajeaba con ella a Félix Rodríguez de la Fuente, el español de El hombre y la Tierra, hecho para la paz. Nos extrañó que se le recordara allí.
Este naturalista consideraba que “el hombre no es un ovni venido de una lejana galaxia”; que “el hombre es un poema tejido con la niebla del amanecer, con el color de las flores, con el canto de los pájaros, con el aullido del lobo o el rugido del león”. Por tanto, Topes es también su lugar, aunque el encuentro haya sido sorprendente.
Es justo que el hombre de trascendente cultura humana sobre las más diversas especies animales y su hábitat sea homenajeado así, en uno de los sitios más acogedores de Cuba por su naturaleza, su alcance en la preservación y su enorme futuro.
La condición de no ovni de Félix Rodríguez se perpetúa hoy en el discreto recodo de Topes de Collantes, distante del origen del naturalista, porque es uno de los sitios más en correspondencia con la condición de aquel que, respondiendo a su naturaleza, sucumbió ante ella.

domingo, 15 de abril de 2012

Guardad toda esperanza


… observen una hoja de árbol, con sus caprichosas nervaduras, sus tonalidades que la sombra y el sol varían, la tumefacción levantada por la caída de una gota de lluvia, la picadura que ha dejado un insecto, la huella argentada del pequeño caracol, el primer tinte de oro mortal que marca el otoño, y busquen una hoja exactamente igual en los bosques más grandes de la tierra toda…

Marcel Schwob. Vidas Imaginarias  















                                                         Por Ernesto Montero Acuña 
                                                       
  

Bajo la elevada estructura del Kurhotel Escambray se detiene cada tarde un vehículo, siempre parecido o el mismo tal vez, y comienzan a descender los viajeros, apremiados por el ajetreo compartido entre quienes tratan de adecuarse a la novedad de lo inesperado.
Aunque se propongan adaptarse a la circunstancia inédita, lo cierto es que el estrés puede acentuarse en las primeras horas, aunque luego descienda.
En tardes brumosas o soleadas, los arribantes se enfrentan al enorme y antiguo sanatorio antituberculoso con un asombro que tal vez impediría la comprensión de cómo se lo edificó en este paraje entonces aislado -diríase que inhóspito- a 365 kilómetros de La Habana.
Sobre todo, puede preguntarse uno qué sentido tendría en sus orígenes la obra monumental en este entorno. La construcción admirable debería tener otra explicación, un origen distinto, un fundamento verdaderamente humano, como ahora.
Se trata de un hecho cultural en el que se funden historia y naturaleza para arrojar un producto distinto, ni natural ni histórico, sino genuina creación artística en muchos sentidos. No es extraño que sorprendan a tantos visitantes las obras arquitectónicas, la naturaleza reconstruida, el arte en sus galerías, el clima.
En el que otrora fue refugio de inmigrantes haitianos, a veces uno recuerda, por su magnitud, a Sans Soucí, el Versalles caribeño, portentoso, destinado a la posteridad y escenario del suicidio de Enrique I (Henri Christophe) el 8 de octubre de 1820, dicen que mediante el lujo insólito de una bala de plata.
Tras él, su sucesor, hijo y heredero, Jacques-Victor Henry, primer Príncipe de Haití, lo siguió como consecuencia de los bayonetazos recibidos, hasta su muerte, el 18 de octubre de 1820, a diez días del inicio de su orfandad.
Un gran terremoto destruyó en 1842 una parte considerable del palacio, nunca reconstruido, y devastó la cercana ciudad de Cabo Haitiano, tan vinculada a José Martí y, por tanto,  a Cuba. Aquella historia tuvo también su reflejó y su continuidad en el desarrollo cafetalero de estos lares desde principios del siglo XIX. La historia y las culturas, como las realidades caribeñas, se entretejen.
Mas la gran obra de Topes de Collantes no ha sido carcomida por el  tiempo ni por su paradójica extemporaneidad, al adquirir luego un verdadero sentido humanitario. Competir en riquezas individualizadas para trasladarlas al más allá como si fueran necesarias para el viaje interminable, es como repetir el camino fracasado de los faraones.
Algo de esto se intuye luego del fatigoso ascenso hasta la plazoleta del reloj de sol, frente al edificio comparado en décadas atrás con el  “esqueleto de un gigantesco dinosaurio” o con “el Escorial de Batista”, tal vez un símil más certero. Todas las semanas, recibe a numerosos pacientes.
No se alberga duda de que sus fundadores fueron beneficiarios, no benefactores, por  aquello de que puede ostentar la condición ambivalente de servir para buenos fines y de haberse promovido por un dictador que fue máximo responsable de grandes y graves daños en Cuba.
Por estos senderos suelen andar los razonamientos, a veces más que por los acogedores  de Topes de Collantes.
En su apartada floresta, el visitante se envuelve en el entorno susurrante, aunque algún transporte interrumpa el silencio natural. Pero en este medio arropado por el clima y por los árboles, toda contingencia disonante es amortiguada de inmediato.
Así, muchos arriban a este edén caribeño, con dolencias que requieren atención, terapias, cuidados. El ajetreo cotidiano y las rutinas que los esperan dejan su saldo. También numerosos extranjeros practican el senderismo, disfrutan instalaciones, se reconfortan con la naturaleza. 
Puede asegurarse, al contrario de la expresión definitiva de Dante Alighieri en su Infierno, de la Divina Comedia, que en Topes de Collantes estaría bien inscribir: Guardad toda esperanza.
Sin que se recuperen los pulmones como se prometía hace décadas, su clima y la adecuada atención sanatorial restauran ante cualquier dolencia. No posee la fuente de la eterna juventud, pero renueva. 



Tengo en Nuestra América

Tengo en Nuestra América

Por Ernesto Montero Acuña  No suelen ir de la mano estadísticas y poesía, tal vez porque las acciones transitan en la siquis humana d...